Ejercicio de confinamiento nº 32. Ulises y las sirenas (H.J.Draper)
Ejercicio de confinamiento nº 32. Ulises y las sirenas (H.J.Draper), 2020
Sobre la obra de Herbert James Draper “Ulises y las sirenas” (1909), óleo sobre lienzo, 177x213,5 cm. Freens Art Gallery, Kingston upon Hull. Reino Unido
Acuarela sobre papel.
30 cm. x 40 cm.

El más famoso de todos los héroes clásicos es Ulises, sus aventuras nos las contó el más grande escritor de la antigüedad, Homero, el poeta ciego, en una novela de gran influencia en nuestra cultura, hasta el punto de que cuando alguien pasa por un trance o una aventura fuera de lo normal, decimos que pasó una “odisea”, y es que la novela se llama La Odisea, es decir que narra la vida de Odiseo o Ulises y su viaje de regreso a Ítaca después de ganar en la guerra de Troya. Uno de los episodios cuenta que cuando él y sus compañeros retomaron el viaje después de estar meses en una isla, la maga Circe les avisó que en esas aguas estaban las sirenas, cuyo canto enloquecía a los hombres y se tiraban al mar o dirigían su embarcación hacia la isla de las sirenas, muriendo de una forma u otra. Ulises entonces hizo a sus compañeros que se taparan los oídos con vendas, y a él que lo ataran al mástil para poder así escuchar su canto y sobrevivir. El caso es que los dioses se las hicieron pasar canutas, muriendo todos sus compañeros en diferentes episodios del viaje que duró diez años. Corrió muchas aventuras, siendo de los pocos mortales que ha bajado al inframundo y ha podido volver sano y salvo, también rechazó la inmortalidad que le ofreció la ninfa Calipso si se quedaba en su isla con ella, sin embargo su fama se debe a su pasión por volver a su tierra Ítaca y a su casa con su esposa Penélope. Algunos autores ven en este episodio una metáfora de la locura que puede ocasionar el conocimiento. Menos filosófica es la opinión de un amigo que tiene un barco de vela/motor y cuenta que a veces en mar adentro cuando arrecia el viento escucha con temor el silbido del viento entre los mástiles y las jarcias. Para él ese es el canto de las sirenas.

En esta obra Draper representa a Ulises atado al palo mayor forcejeando para desatarse, a sus compañeros remando, todos ellos con vendas en la cabeza para tapar sus oídos, y a tres sirenas que según salen del agua van adquiriendo forma humana. Es fantástico como Draper ha sabido dar a las sirenas esa consistencia escurridiza propia del pescado y crear un ambiente misterioso donde se palpa la seducción trágica que ejercen estos seres.

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