Ejercicio de confinamiento nº 30. Diana y Endimión (Giordano)
Ejercicio de confinamiento nº 30. Diana y Endimión (Giordano), 2020
Sobre la obra de Luca Giordano “Diana y Endimión” (1675-80), óleo sobre lienzo, 149,2x164 cm. National Gallery of Art. Washington.
Acuarela sobre papel.
30 cm. x 40 cm.

Diana es el nombre latino de Artemisa, en algunas historias también se la nombra como Selene. Era hermana gemela de Apolo y su complementario. Si a Apolo lo identificaban con el sol a Artemisa con la luna y ambos eran representados con arco y carcaj. Se la veneraba como diosa de la caza y de la castidad, obteniendo de Zeus la condición de virgen. Sin marido del que ocuparse se pudo dedicar a lo que más le gustaba, la caza y pasear por los bosques rodeada de sus perros. No le gustaban mucho los hombres, cuando después de una correría por los montes se bañaba en los arroyos, le molestaba mucho que alguno la espiase, y si se daba cuenta los castigaba cruelmente. Pero una noche, dando su paseo nocturno, encontró dormido al pastor Endimión, un joven bellísimo, y se enamoró. Era un romance muy tranquilo pues el novio estaba siempre dormido, así que tomó por costumbre bajar cada noche a contemplarlo acariciándolo con su pálida luz. Se cuentan varias versiones de quien era Endimión, en algunos libros leemos que era un hijo de Zeus que se enamoró de Hera, su esposa y fue castigado a dormir eternamente, en otros que era un pastor que no tenía mucho interés en asuntos amorosos, pero que se había enamorado de la Luna, pues soñaba que ella venía cuando estaba dormido, le besaba y yacía junto a él. Cada noche se acostaba a la entrada de su cueva para poder mirarla y cuando se dormía efectivamente, la diosa bajaba para estar con él. Endimión era tan feliz cuando despertaba que pidió a Zeus dormir para siempre y así poder vivir eternamente su sueño. Y así fue. Que romántico!

En esta obra Giordano representa a Endimión dormido apoyado en una roca con su vara de pastor y a Diana que se acerca flotando y le acaricia el pelo. Diana lleva una medialuna encima de la cabeza, como deidad femenina y lunar y también símbolo de castidad. Es curioso que a la Virgen de nuestra cultura cristiana se la represente también subida a una medialuna.

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