Ejercicio de confinamiento nº 26. Sísifo (Tiziano)
Ejercicio de confinamiento nº 26. Sísifo (Tiziano), 2020
Sobre la obra de Tiziano “Sísifo” (1548), óleo sobre lienzo, 237x216 cm. Museo del Prado. Madrid
Acuarela sobre papel.
40 cm. x 30 cm.

Cuentan que Sísifo era rey de la antigua ciudad griega de Éfira o de Corinto, era muy osado y había desbaratado varias veces los planes de Zeus revelando sus secretos y con su astucia engañado a los dioses. Una de las leyendas que se narran de él dice que incluso llegó a encadenar a la misma Muerte, con lo cual no podía visitar a los humanos y la gente no se moría. Tuvo que intervenir Zeus y enviar a Ares para que la liberara. Una vez muerto, Sísifo ideó una estratagema y consiguió salir nuevamente a la vida. Después vivió muchos años pero tuvo que seguir inventando estrategias y trucos para que la muerte no consiguiera cogerlo. Ocurrió que una vez muerto de verdad, cuando llegó al Averno, los dioses del inframundo se acordaron que los había burlado repetidas veces y le condenaron a la ceguera y a cargar durante toda la eternidad con una enorme roca y subirla a la cima de un monte. Tan pronto llegaba a su destino la roca volvía a rular monte abajo y nuevamente Sísifo tenía que empujarla hasta la cima, una y otra vez durante toda la eternidad. Clásicamente se ha considerado este mito como una metáfora de la inutilidad del esfuerzo del hombre para escapar de su destino, porque haga lo que haga éste lo alcanza inexorablemente. Para J.P. Sartre Sísifo representa al héroe moderno, el que sabe del absurdo de la vida y de la inutilidad de su esfuerzo y sin embargo no se queda parado, inmóvil ante lo inexorable, sino que sigue actuando sin eludir el esfuerzo que supone tomar de decisiones y ejercer la libertad de intentar doblegar su sino.

Esta obra la realizó Tiziano por encargo de los Habsburgo junto con otras dos que simbolizaban el destino que se reservaba a los que se sublevaban contra los dioses, y por extensión a los Habsburgo. Tiziano nos presenta un hombre cuya figura llena por completo la superficie del cuadro, de forma que apenas podemos ver el escenario donde se sitúa, apenas podemos escapar de la fascinación que ejerce su esfuerzo en cargar la roca en un movimiento ascendente, remarcado por los puntos luminosos de lava que salpican la escena. Impresionante.

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